ago 01 2010

Crónica de unos viajes bici+tren de largo recorrido (I)

» Escrito en Tus historias por antonio a las 19:58

Todos los años hago uno o dos viajes bici+tren de largo recorrido. Desde luego no voy a contar aquí detalladamente mis viajes, lo que transmitiré en esta crónica es lo referente al acto bicitrenero en si mismo que a su vez puede servir de ejemplo práctico de cómo se puede viajar (con tiempo por supuesto) con trenes de media distancia incluso fuera de nuestras fronteras.
Comentaré en esta primera parte algo sobre los dos viajes que en años anteriores hicimos a Francia pues ilustran de como se puede traspasar la frontera en bici+tren y como funciona el bici+tren en ese país, donde por cierto, la SNCF además de tener una Web especializada en bici+tren edita junto con el Institut Geographique National un mapa titulado “La France en Train”.

A base de trenes regionales, la relación de enlaces resultó de la siguiente forma:

julio 2008, expedición de 6 bicicleteros/as cargados de alforjas hasta arriba. Valencia-Tortosa, (perdemos el enlace por culpa del interventor que no nos dijo el verdadero retraso que llevaba el tren y que podríamos haber resuelto si hubiéramos esperado el tren Tortosa-Barcelona en l’Aldea-Amposta en vez de haber intentado el cambio en Tortosa). El retraso nos obliga a comer en Tortosa y llegar ya tarde a Barcelona. Después tomamos el último regional Barcelona-Port Bou, se lía una tormenta por la zona de Girona lo que nos aconseja descartar la opción camping y hacemos noche en Figueras, en un hostal que nos comentan unos viajeros en el propio tren. Al día siguiente, hacemos Figueras-Cerbère y desde aquí nos dirigimos en otro tren hasta Carcassonne. Unos días después cogemos otro tren entre Castelnaudry  y  Toulouse desde dónde enganchamos otro (con un espacio para bicis junto al cual nos instalamos en una zona con unos asientos formando como un sofá semicircular y que resultó de lo más acogedor) hacia el norte, en dirección a la Auvergne, parando en el bello pueblo de Figeac cuna de Champolion, el descifrador de los jeroglíficos.  Comienza (al margen del aperitivo por el canal du Midi) nuestro verdadero viaje bicicletero en el Massif Central, en la zona volcánica de l’Auvergne. Durante la errática y zigzagueante travesía todavía llegamos a realizar (con permiso del autobusero) entre Aurillac y Clermont-Ferrand, un pequeño pero estresante trayecto bici+bus+tren pues por obras había que iniciar recorrido en bus para luego acabarlo en tren. Unas semanas después nos volveríamos a Valencia de la siguiente forma: Clermont Ferrand-Nimes, Nimes-Narbonne, Narbonne-Cerbère en el único tren francés que no tenía espacio para bicis por lo que tuvimos que distribuirnos por plataformas y pasillo y en que al igual que en los demás no recibimos, a pesar del la cantidad de bicis y equipaje, recriminación alguna por parte de los interventores. Después, cruzaríamos la frontera y tras hacer noche en Colera muy cerca de Port-Bou bajaríamos hacia Barcelona, para enganchar otro regional hasta L’Hospitalet de l’Infant (escala de un día en su playa nudista ) y finalmente L’Hospitalet-Valencia.

En julio 2009 la expedición se redujo al número 2 pero las alforjas y bultos seguían siendo las mismas (5) pero transportadas esta vez en bicis de asistencia al pedaleo eléctricas. Esta vez se pudo cruzar la frontera en una sola jornada con los tres enlaces Valencia-Tortosa, Tortosa-Barcelona, Barcelona-Cerbère. En Francia y por primera vez la SNCF nos decepcionó y no nos dejó embarcarnos rumbo a París en un tren nocturno (Lunea) que según los horarios y propaganda admite bicicletas pero que no se sabe por qué razón, no llevaba incorporado el vagón con dicho espacio en el convoy de esa noche. Desestimamos Paris, hacemos noche en Cerbère y al día siguiente hacemos el siguiente enlace Cerbère-Arles, Arles-Valence y comenzamos lo previsto: la travesía del massif prealpino du Vercors que se interpone entre Valence y Grenoble. Días después, todavía tomaríamos otro tren entre Grenoble y Clelles, antes de volvernos unos días después desde Die al sur del macizo montañoso y cuna de la clairette (un vino afrutado que entra como nada) realizando los siguientes enlaces: Die-Valence, Valence-Avignon, y Avignon-Cerbère con cambio de tren en menos de 5 minutos a un  tren estacionado en distinta vía pero en el mismo anden (si no hubiera sido imposible). Cruzamos el pequeño puerto de montaña entre Cerbère y  Port-Bou en bici (porque eran eléctricas sino…) y nos da tiempo de comer en la estación, tomar el tren hasta Barcelona y luego recalar de nuevo en la playa de l’Hospitalet de l’Infant donde hacemos noche. El último día l’Hospitalet-Valencia.

Los dos viajes a Francia los resumiría bicitreneramente hablando de la siguiente manera:
Como en España, se viaja gratis en los trenes de media distancia (los TER) y hay trenes mejores y peores, pero en todos nos dejaron llevar las bicis incluso cuando no había espacio específico para ello, o el espacio disponible ya estaba ocupado por otros bicitreneros/as (cosa que nos ocurrió en varias ocasiones). Todo ello a pesar de que la normativa francesa dice que se “llevaran tantas bicis como espacio destinado al efecto haya disponible”. La frase típica de los ferroviarios era “vélos? Pas de probleme”. La política del “laisser faire” acuñada por los franceses se cumplió a rajatabla y la simpatía y los favores recibidos por las gentes que encontramos en el camino en los dos viajes nos dieron una imagen de la hospitalidad francesa encomiable. Otra cosa que nos llamó la atención es que a diferencia de España donde se desechan trenes como si fuéramos el país más rico del mundo, los franceses (por lo menos al sur del país pues en Paris igual la cosa es más reluciente) conservan trenes verdaderamente viejos, de esos en los que todavía se pueden abrir las ventanillas manualmente, y todavía montan trenes regionales con el sistema de máquina tractora y ristra de vagones (algo que ya no existe en España más que con trenes de largo recorrido) y que deben ser de la guerra mundial por lo menos, pero que todavía los mantienen convenientemente reformados. La accesibilidad a esos trenes con vagones es nefasta pero te dejan llevar la bici. Sin embargo, los trenes nuevos y que afortunadamente son los más, tienen el acceso a pie de andén y el espacio interior tanto para viajeros como para bicis es fantástico. La accesibilidad en las estaciones es, a diferencia de las españolas (salvo la de l’Hospitalet de l’Infant) nefasta. En todas, incluidas las de las ciudades más importantes,  tuvimos que descargar todo el equipaje cada vez que nos dirigíamos a algún andén a base de bajar y subir escaleras por pasadizos subterráneos. Los ascensores brillaban por su ausencia al igual que los pasos a igual nivel y que en estaciones con poco tráfico podrían usarse sin grandes problemas.
Continuará…

Un comentario para el post “Crónica de unos viajes bici+tren de largo recorrido (I)”

  1. Comentario de Clarisa el 23 de febrero de 2012 a las 13:09

    Fue una gran experiencia de leer este tipo de la gran obra que gustó mucho al leer este artículo.
    __________________________
    http://hdparanotebook.com

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